Brutalismo

El que es considerado el principal arquitecto del siglo XX, Le Corbusier, fue quien inicio la corriente, o estilo, que hoy se conoce como “Brutalismo”. Y lo hizo realmente sin querer. Cuando empezó a diseñar y construir en hormigón visto, se refirió a las posibilidades expresivas y escultóricas de dicho material, que en francés se llama “béton brut”. Del brut, como el champagne, nació la palabra brutalismo para describir un estilo arquitectónico que tuvo su máxima expresión a finales de los años 60, que hace del hormigón visto su material de construcción casi único, y que pretende que cada pieza tenga identidad propia, sin que el entorno en el que se encuentra tenga la mayor importancia.

Como de todos los estilos, del brutalismo (que tuvo y tiene una enorme escuela de seguidores en el Reino Unido) se pueden sacar cosas buenas, como el National Theatre de Londres, y otras horribles, como el Queen Elizabeth Centre que está justo al lado del anterior o tantos bloques anónimos de apartamentos en cualquier rincón del mundo. A mí hay cosas que me gustan y otras que no. Me encanta el hormigón visto bien hecho (la escalera del Caixa Fórum en Madrid), me gustan mucho sus posibilidades expresivas (ver la obra de Tadao Ando o Zaha Hadid), pero del estilo brutalista solo me gustan sus aspiraciones escultóricas, no tanto así su vertiente “brutal”.

Al poco de llegar a Washington DC me topé con esta estructura, que me llamo la atención y, debo decirlo, me gustó de inmediato.

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Me gustó por la calidad del hormigón, por la planta octogonal, por la escala y las proporciones, por las aristas marcadas y la buena disposición de los ventanales, por la “pestaña” con orificio circular de la que cuelgan las campanas, haciendo inmediatamente reconocible que se trata de una iglesia. Me gusto mucho también el encaje urbano (y está en pleno “centro histórico”) y la pequeña plaza pública que se crea entre la iglesia propiamente dicha y un edificio de oficinas, casi de la misma altura y con planta en “L”, con el que forma un conjunto.

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Pues esta iglesia, diseñada por Araldo Cossuta y cuya construcción fue concluida en 1971, va a ser demolida. Y ello a pesar de estar catalogada desde hace una década y protegida, tras decisión unánime del ayuntamiento, por las autoridades locales. Los propietarios, la Ciencia Cristina (que es una Iglesia interesante, por cierto, muy centrada en la salud, no tiene nada que ver con la de la Cientología de algunas estrellas del celuloide) han alegado que tener por sede una iglesia tan fea e incómoda estaba haciendo disminuir el número de fieles y el ejercicio de la fe es un derecho superior a la protección de los edificios. Sorprendentemente, un juez les ha dado la razón. Lo que hace tener un buen abogado. Y que el terreno haya sido cedido a un constructor para su “desarrollo”, claro. Quizá sea este detalle el que lo explique todo.

Claro, que en el fondo lo sorprendente es que un edificio brutalista esté protegido. Aun corren ríos de tinta sobre la demolición en Madrid, hace no tanto, del edificio conocido como la pagoda de Fisac, que llenó mis sueños infantiles -pasaba por delante a diario de camino al colegio. Pocos arquitectos españoles experimentaron con el hormigón como Fisac, cuyos edificios empiezan a protegerse ahora. Quizá muchos edificios de hormigón visto, una mayoría, no merezcan estarlo, pero otros sí. Y aun así, se encuentran excusas para tirarlos.

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La demolición de la “Tercera Iglesia de Cristo Científico” se va a llevar a cabo en una ciudad que tiene, quizá sin saberlo, una obra brutalista de primera línea, que es venerada por todos los ciudadanos. Las estaciones del Metro de DC son un cruce entre Palladio y Le Corbusier, con un toque de Star Wars. A mí me encanta, aunque estén en penumbra y no se vea nada.

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Claro, que la cúpula del Panteon de Roma también es de cemento visto, y es quizá el principal edificio del Antigüedad clásica que ha legado intacto a nuestros días. Pero probablemente si no se hubiese convertido en iglesia hoy solo sería un recuerdo. Si es que siempre acabamos topando con la Iglesia.

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