Fotografías

Iba a escribir sobre el “remake” de la serie “V”, pero no me da para una entrada, la verdad. Será la sensación de la temporada televisiva en este país, estará perfectamente filmada y los efectos especiales serán de primera, tendrá elementos argumentales nuevos (los lagartos estaban infiltrados entre nosotros mucho antes de que llegasen las naves) y una nueva “mala”, Anna, con pelito a lo “garçon” y ropa de buen gusto. Lo siento, donde estén Diana y Lydia marcando mujerío y con sus pelos cardados, que se quite la nueva serie, que ha eliminado todo el “camp” que daba grandeza a la original. Lo sé, soy un antiguo.

Siempre quise tener algún talento, sobre todo de tipo artístico, pero el talento es algo con lo que se nace y que además hay que trabajar mucho para que salga a la luz, y aún más para mantenerlo. Yo no nací con ello y soy muy vago, así que estoy apañado. Mi único triunfo artístico, que además es compartido con mi marido, es mi nevera. Está totalmente cubierta por montones de imanes que forman un diorama con significado cuasi religioso que sólo nosotros (yo no soy creyente, él sí -con reparos-) compartimos y comprendemos. Es una obra de puro reciclaje de ideas ajenas, casi todos los imanes son reproducciones de obras de arte. Curiosamente, una de las cosas que más llama la atención a casi todo el mundo es esta fotografía:
800px-Misty_and_Jimmy

La foto se llama “Misty and Jimmy Paulette in a taxi NYC” y es obra de Nan Goldin, hoy considerada una de las principales fotógrafas de los años 80 y 90, retratista de lo que algunos llaman submundo neoyorquino poblado de yonquis, travestidos, transexuales. A mediados de los 90 vi por primera vez un pase de su serie de diapositivas “The ballad of sexual dependency“, una serie de fotografías muy realistas, algunas muy duras (ella misma se autorretrató después de las palizas que le pegaba uno de sus novios; la serie que retrata la muerte por sida de un amigo culturista, mostrando cómo se va consumiendo literalmente da pavor) con un fondo musical bien escogido, un poquito de Blondie, algo de Donizetti, de Ramones, de Joan Baez.

Nan Goldin es una maestra del reciclaje. Quizá sus fotos, vistas individualmente, no llamen mucho la atención, pero el pase de diapositivas es bastante impresionante, además de una obra inacabada, en constante ampliación. Algunas fotos son duras por su inmediatez, otras, posadas, resultan artificiales pero encajan bien en su estética “sucia”, a años luz de las composiciones clásicas, perfeccionistas, de Robert Mapplethorpe que aún cuando fotografiaba escenas de sexo hard-core te hacía creer que estabas viendo una imagen de la antigüedad clásica.

Me gusta mucho la obra de Nan Goldin, que estrena estos días una exposición en Madrid, en la Galería Javier López (en cuyo montaje y página web ha colaborado mi chico, de ahí esta entrada, qué os creíais), pero me temo que la incluyo en el saco de artistas que recogen ideas ajenas, las hacen suyas, las amplían, las envuelven, las revenden. No estoy diciendo que sea una pesetera, es más bien lo contrario, ha estado fuera de los circuitos comerciales hasta el punto de haber tenido que sacar a subasta hace no mucho obra de su propiedad para que no la desahuciasen del mismo tugurio en la Bowery neoyorquina donde lleva viviendo más de dos décadas. Autenticidad no le falta, como a las travestis, realmente fabulosas en su espíritu trash, luciendo el oropel de la baratija, retratadas en la foto que he colgado.

Mi sobrina la pequeña, que se puede tirar horas mirando fascinada la nevera me preguntó un día, al fijarse en la foto de Misty y Jimmy Paulette, “¿Por qué tienes una foto de Victoria Beckham y Madonna?”.

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