Interludio

Mi amigo Javier trabaja y vive en Los Ángeles, California. Nos conocimos en el colegio y juntos formamos parte en los años 80 de un grupo musical muy malo y pretencioso, cuyo nombre cedo a la íntima alegría del silencio, pero con el que nos lo pasamos muy bien. Javier era el cantante y bajista y fue el único que continuó en el mundo de la música. Y ahí sigue, editando música y efectos de sonido para películas. Fue nominado a un Oscar, por Lost Highway de David Lynch, pero al final no ganó. Qué puntazo debe ser que uno de tus mejores amigos tenga un Oscar.

Además de ser una persona realmente especial, Javier destaca por tener un gusto musical exquisito, amplísimo y ecléctico. Él me descubrió a Wendy and Lisa. Con él fui a conciertos de Steve Reich, de Classix Nouveau o de Sam Brown. Y él descubrió, en una etapa en la que trabajaba de “cazatalentos” (y en la que yo le acompañaba a todo tipo de tugurios madrileños a ver grupos -malísimos- a altas horas de la madrugada; acabábamos a las tantas comiendo bocadillos de boquerones en vinagre en un barucho de Ballesta) a Alejandro Sanz, cuya contratación propuso a una multinacional, que declinó por considerarlo demasiado poco comercial.

A principios de los años 80, Javier estaba enganchado a esta canción, “Stepping Out”, de Joe Jackson. Fabulosa.

Aunque no necesito una excusa para pensar en Javier, el otro día me acorde de él en el supermercado, cuando empezó a sonar esta canción. El supermercado en cuestión se llama “Trader Joe’s“, y pertenece a una cadena californiana muy moderna y enrollada, que vende casi únicamente productos ecológicos y que tiene unos precios sorprendentemente buenos. Ni que decir tiene que fue Javier quien me llevó por primera vez a un Trader Joe’s en Los Ángeles, hace ya muchos años, a hacer la compra. Fueron como 45 minutos de viaje en coche hasta llegar, pero es un supermercado tan cool que merece la pena. Desde luego la banda sonora de fondo de las tiendas es lo mas cool que uno pueda imaginar. En DC tengo suerte, la tienda está al lado del trabajo, así que puedo pasarme por la tarde, antes de volver a casa.

Al ir a pagar mi compra de viernes por la tarde (tres botellas de vino, dos tabletas de chocolate negro -85% de solidos de cacao- y un mango), el joven, alto, desaliñado y guapo cajero me dijo “great shopping”. Y me dijo que le encanta fijarse en lo que compra la gente, sobre todo antes del fin de semana, porque le da una idea de los planes que tiene la persona en cuestión y le dice mucho qué tipo de persona es. Mientras yo me moría de vergüenza y de fascinación en igual medida, me fue contando que estudiaba nosequé, que acababa de entregar un informe para la asignatura xyz, que le queda un examen antes de diciembre pero que está preparado, que le encanta el chocolate muy negro y el pinot noir. Todo ello, y con detalles y risitas, en el escaso tiempo que tardó en marcar los seis productos y meterlos en la bolsa (de papel reciclado y reciclable y sin aditivos dañinos para el medio ambiente, por supuesto). No me dio su número de teléfono porque no se lo pedí.

Tengo que escribir sobre esta franqueza abrumadora de los americanos. Es un poco demasiado, pero me fascina. Y tengo que organizar un viaje a Topanga Canyon, a la granja en la que viven Javier, su mujer, hijos, perros, gatos, gallinas y otros animales, no sé a qué espero. Mientras tanto, disfrutemos de Joe Jackson.

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