Gracias

Hoy es el “viernes negro”. Así llaman en Estados Unidos al día después de “Thanksgiving”, o Acción de Gracias, que es como lo llamaban, con “seseo”, las series televisivas dobladas por voces latinoamericanas en mi infancia. La denominación Viernes Negro es debida al hecho de que hoy se da el pistoletazo de salida a la Navidad y su absurda carrera consumista. No hay colegios, casi nadie trabaja (salvo yo, que escribo esto desde mi oficina donde no hay apenas trabajo, ni gordas líder, ni inuit, ni nada, sólo está el de las armas semi automáticas y el cortejo fúnebre de Reagan). Los grandes almacenes ofrecen descuentos especiales a horarios especiales: Macy’s ha abierto hoy a las 5 de la mañana y desde esa hora hasta las 11 se puede comprar casi todo a mitad de precio. Me imagino escenas del tipo “Lío en los Grandes Almacenes”, película fantástica de Jerry Lewis. Creo que nunca lo he contado, las películas de Jerry Lewis son una de mis “guilty pleasures” más inconfesables.

 

Quizá os preguntéis cómo pasa un españolito en Estados Unidos sin más familia que su churri el día de acción de gracias. Como tengo un marido que cocina de maravilla, la comida fue una parte importante. Como además es inglés, preparó una comilona de tipo americano, que no es tan distinto, pero con matices. Como sólo éramos nosotros dos, un pavo era excesivo, así que optamos por un pollo ecológico y de corral, alimentado exclusivamente con hierba. 4 horas en el horno a baja temperatura lo dejan en un estado perfecto para devorarlo. Si le añades un buen relleno, hecho con verduras, pan y mucha salvia, patatas hervidas y luego horneadas, “chips” de batata dulce, coles de Bruselas con castañas y tocino, una salsa hecha con los jugos del asado y vino y otra de “cranberries” (que es muy típica de aquí, a mí no me gusta demasiado y no sé muy bien como se dice en español, creo que “arándanos rojos”), pues tienes una comida estupenda. A mí me tocó elegir el vino y esta vez me fui por lo francés. Compré un Chateauneuf du Pape del 2005, que según mi guía de vinos de bolsillo, que llevo siempre encima por si acaso, es una añada estupenda.

 

Comida aparte, a mí no me apetecía nada salir de casa, fuera estaba lloviendo, así que arrastré al otro miembro de mi familia hacia el sofá… y nos pusimos a ver “Mommy Dearest”, la biopic de Joan Crawford protagonizada por una Faye Dunaway desatada. El DVD que tenemos es una versión 25 aniversario que tenía un comentario especial (e hilarante) de John Waters y Lipsyncka, una dragqueen que imita a la Crawford. Qué película tan camp y tan tremenda, recuerdo haberla visto en TV en España hace años. Cuanto material ha sacado Almodóvar de ahí, sobre todo para Tacones Lejanos. Y que poco camp es el Almodóvar de hoy, ahí va a estar la clave de que ya no nos guste como antes. Tengo que escribir sobre el camp, que es algo tan fácil de identificar como difícil de explicar. Por cierto, le he prestado esta mañana el deuvedé a mi jefe. Se ha quedado encantado.

 

Y como el día es largo, me dio tiempo además a terminar un texto sobre la fotografía de Julius Shulman y la arquitectura de los años 50 que tenía a medias y que los chicos de Revisión del Interior amablemente me publican hoy, adornado por unas fotografías maravillosas de su cosecha. Lo he dicho antes y no me cansaré de repetirlo, a mí el blog que me gustaría escribir es el suyo, pero ni sé lo suficiente de arquitectura y diseño ni lo seguiríais con tanto interés, queridos lectores, como seguís este. Por cierto, que nunca os doy las gracias por leerme y comentarme, así que lo hago en este instante, aprovechando que ayer fue el día de “acsión de grasias”, que en el fondo es algo como muy bonito, humano y no religioso. Gracias de verdad por estar ahí, por leerme y seguirme. Este blog es tan vuestro como mío, sino más.

 

 

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