Alphaville

Los cines Alphaville de Madrid ya no existen. Cerraron, después de casi 30 años de actividad, en 2006. En su lugar hay otras salas, con otro nombre, que tambien exhiben buen cine. Pero no tienen el significado que tenían, que tuvieron, los Alphaville, sobre todo en los años 80, cuando Madrid (no me cansaré, o quizá sí, de repetirlo) era un hervidero de creatividad. Todos los que tenemos una cierta edad y un cierto interés por el cine y crecimos en Madrid, progres o modernos, pijos o enrollados, pasamos por sus salas. A mí me gustaba sobre todo la sala 2 (¿o era la 3?), pequeña y redonda. Me encantaba la sensación de que estabas en el salón de casa viendo la película con amigos.

Ahí descubrí a Fassbinder, a Wim Wenders, a David Lynch, a Werner Herzog, a Jim Jarmusch, a Jean Luc Godard, a Paul Schrader, a Alan Rudolph, a Eric Rohmer. Ahí vi Arrebato y Laberinto de Pasiones, que fue producida por Musidora, la empresa de distribución de películas de los mismos cines. Ahí quedé hipnotizado por la música de Ry Cooder en “Paris Texas”. Ahí me metió mano un señor de cierta edad cuando yo admiraba, embelesado, a unos jovencísimos Rupert Everett y Colin Firth en “Another Country”. Ahí me mareé ante la música repetitiva de Philip Glass y las imágenes llenas de violencia poética de “Mishima”. Ahí me quede extasiado ante las historias de extraterrestres a la caza de las endorfinas que generan los orgasmos y la heroína que salen en “Liquid Sky”. Ahí exhibieron, en la sala 5 que luego se convirtió en cafetería, el documental que hicimos unos cuantos locos en mi colegio y del que no he vuelto a saber nada. Ahí se manifestaron durante meses, en un ejercicio de surrealismo, grupos católicos en vigilia por el insulto que supuestamente suponía exhibir “Je vous salue Marie” (el ABC retiró de sus páginas, durante años, toda información sobre los cines; por supuesto siguió siendo, como lo es hoy, el periódico de referencia para los anuncios de servicios sexuales “Tathiana: francés 2000, completo 5000”). Hablando de servicios sexuales, ahí vi la estupenda mamada que Marushka Detmers le hace a un actor cuyo nombre he olvidado en el remake de “Le diable au corps”. Y he estado a punto de escribir que ahí vi a Brad Davis en “Querelle”, pero eso fue en el cine Azul. Que tampoco existe ya. En el Alphaville vi como unos franceses seguian hablando mientras el sol producia un rayo verde después de haberse tirado una hora y media rajando sin parar de sus problemas personales que, sorprendentemente, nos interesaban muchísimo a todos.

Los Alphaville fueron pioneros en muchas cosas que ahora damos por adquiridas e irrenunciables, como la exhibición en versión original, que apenas nadie antes había intentado y mucho menos como política de principio. Introdujeron las hojas del espectador, que te cuentan los detalles técnicos de las películas y toda la información relevante, a veces incluso demasiada, sobre la misma. Ponían una música buenísima en la sala antes de que empezara la película, que casi siempre iba precedida por un corto. Se inventaron las sesiones de madrugada, a las que, por cierto, nunca fui. Y tenían una librería fabulosa en el sótano, que duró poco pues luego se trasladó a la acera de enfrente, bajo el nombre “8 y medio”, que afortunadamente aún existe.

Escribo todo esto porque al enterarme de la muerte de Teddy Pendergrass hace un par de días sabía que algo le unía a Iván Zulueta, que murió hace dos semanas, y a Eric Rohmer, que le precedió en la lista de desaparecidos ilustres de lo poco que va de año. Lo que les une, en mi recuerdo, son los cines Alphaville donde, como ya conté, vi Arrebato, todas las Comedias y Proverbios de Rohmer y también la fabulosa “Choose me” de Alan Rudolph, con la música infecciosa y a tempo pausado de Pendergrass. Es curioso, haciendo tanta memoria de aquella época, de quien me acuerdo es de mi amigo Miguel o, mejor dicho, el que fue mi amigo Miguel pues hará 20 años que no he vuelto a saber de él. Con el compartí aquellos años de final de colegio y de universidad, una época en que ambos andábamos fascinados con lo que vivíamos y lo que teníamos por delante. Era un chico no muy alto, moreno y con mucho pelo, se paseaba por todas partes con su cámara y le hacía fotos a todo. A mí me tenia embelesado, me cuesta algo reconocerlo ahora pero probablemente estaba enamorado de él. Revelabamos juntos sus fotos, que eran muy buenas, podría haber sido otro Pérez Mínguez, Trillo o García Alix. Según tengo entendido, hoy es un probo profesor de universidad y feliz (según me dicen) padre de familia. En esta vida hay azar y hay elección. Cada uno elige lo que quiere y lo que puede.

Cuánto podría contar sobre “Choose me” y su legión de chicas olvidadas, Lesley Ann Warren , Genevieve Bujold, Rae Dawn Chong. Menuda secuencia inicial, en un solo plano larguísimo, con los títulos escritos en letras de neón azul y rosa y el ritmo sincopado y soul de Teddy Pendergrass… Puro principio de los 80. Y eso que es en versión doblada al español, algo que Alphaville nunca habría programado.

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