Interludio

Esta semana que entra vamos a dar una fiesta, la primera que montamos desde que llegamos a Estados Unidos. La invitación que envié, de color amarillo yema de huevo, decía que se trata de un “piscolabis” para celebrar la llegada de la primavera. Y como hay que prepararlo todo muy bien, porque no se trata de quedar mal, ayer alquilamos un coche y nos fuimos de carrefur. A gastar.

Aunque aún no hemos decidido si pondremos música o no (yo en general soy contrario a que en las fiestas haya música), enchufamos el iPod de mi chico a un “dock” ad hoc que había en el coche para ver si se nos ocurrían ideas. La música que escucha es en parte previsible y en parte sorprendente. Él siempre dice que dejó de escuchar música popular en su adolescencia, así que en su lista apareció mucho Bowie (yo creo que lo tiene todo), Cat Stevens, Elvis Costello, Sylvie Vartan, Fleetwood Mac, Kate Bush. Hay bastantes cosas mas recientes, de artistas que nos gustan a los dos, como kd Lang, Sheryl Crow o Scissor Sisters. De repente aparece algún horror, tipo Mike Oldfield, cosas que hace años yo habría considerado un horror pero que ahora ya no me lo parecen, tipo Joan Baez, o cosas de tipo celta-irlandés de cuño antiguo que yo no acierto a comprender, tipo Mary Black (no, no están los Corrs, eso serían palabras mayores). De repente, aparecen sorpresas tipo Red Hot Chili Peppers o Andrés Calamaro (y se sabe la letra de la canción el tío, cuando yo no le comprendo el acento, sólo nosequé de unos caramelos con forma de corazón).

Y en un momento determinado suena la canción que encabeza esta entrada, The Night, de Frankie Valli and the Four Seasons, que es una maravilla pop. A Frankie Valli le recordamos los de mi generación por “Grease“, la canción pseudo-disco que daba título a la película y que a mí siempre me ha encantado, pero para entonces ya llevaba casi 20 años de carrera musical, con montones de éxitos en la mochila, como The Night. El caso es que a mí me sonaba mucho la canción, pero no la localizaba en mi memoria. Él me dijo que a lo mejor me sonaba porque Lene Lovitch (otra de sus favoritas) había hecho una versión a finales de los 70.

La verdad es que la Lovitch era total, con sus pintas de bruja, sus ojos de loca y sus extraños grititos. Tuvo su momento “Aplauso” con “Lucky number“, que era muy New Wave y muy divertida. Yo siempre la relaciono con otras tipas raras de la época, como Toyah Wilcox, una de mis olvidadas favoritas, casada con Robert Fripp, el ídolo de Theodore. Algún día pasarán ambos por este blog.

Vuelvo a lo mío, que me voy por las ramas. El caso es que no, no era la versión de “The Night” de la Lovitch la que a mí me sonaba en la cabeza. Rebusqué y rebusqué en mi memoria pero no daba con ello, así que eché mano de YouTube y la encontré. La versionearon Soft Cell en su retorno a la carretera de hace unos cuantos años. Al loro con los flecos y los dientes de oro de Marc Almond, que en aquella época debía visitar la consulta del mismo cirujano que Karmele Merchante (ya me veo venir una nueva búsqueda para llegar a este blog: “Karmele Merchante cirugía travesti maricón” y luego vendrá un fans de Karmele a vituperarme).

En serio, Marc Almod siempre ha tenido un gusto exquisito para las versiones, empezando por “Something´s gotten hold of my heart” que hizo con Gene Pitney, el intérprete original, y que fue un éxito en todo el mundo hace 20 años. Hago aquí un llamamiento a mis queridos lectores: llevo mucho tiempo buscando su canción “Anarcoma” pero no la encuentro por ningún lado. Si alguien me puede enviar un MP3 de la misma, se lo agradecería eternamente. Y estaría incluida en una entrada sobre la gran Anarcoma, uno de mis grandes ídolos sobre quien tengo pendiente escribir desde que empecé en esto del blog.

El caso es que escuchando el iPod de mi chico me di cuenta de lo distintos que somos. Quizá las personas distintas se atraigan y quizá por eso hacemos tan buena pareja. O quizá no hacemos buena pareja y estoy equivocadísimo y mi vida carece de sentido. Siendo como soy tendente a hinchar las cosas fuera de su proporción real, ya me vi sumido en un mundo de incompatibilidades, peleas, recriminaciones, separación, soledad, suicidio. Afortunadamente, un ratito después, en plena paranoia mientras conducía por una autopista de circunvalación en la que me había perdido, sonó “Y te amaré” de Ana y Johnny. Y todos mis miedos, mis dudas y malos pensamientos se perdieron en el tiempo, como las lágrimas en la lluvia.

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