¿Límites?

Tengo todas las preguntas y muy pocas respuestas, casi diría que ninguna. Tengo muy poca certeza respecto a casi nada y me atrevo a opinar sobre casi todo. Tengo la mala costumbre de hablar demasiado y de escribir demasiado, muchas veces sin pensarme dos veces lo que digo o escribo. Tengo tendencia a confiar en exceso en mi memoria que, como la de todo el mundo, es selectiva y no tan buena como me creo, y me juega muy malas pasadas. Tengo siempre (muy) mala conciencia cuando hago o digo alguna cosa que no debo, que es algo que me ocurre con excesiva frecuencia.

Suelo decir que internet es el último reducto de expresión libre que existe. Los medios de comunicación, incluso en Estados Unidos donde supuestamente la libertad de expresión es sacrosanta, se han ido auto limitando poco a poco, por miedo a herir sensibilidades y susceptibilidades, por miedo a recibir presiones de personas o grupos que se sienten ofendidas, a verse envueltos en entuertos legales o a convertirse en el objeto de amenazas o agresiones físicas. En los estudios de televisión, donde la gente se grita, se insulta, se mancilla con crueldad desmesurada, todo suele estar bajo contrato, así que no se trata en realidad de un ejercicio libre de expresión sino de una escenificación casi teatral que no tiene más guión que la indicación de someterse unos a otros a las mayores sevicias imaginables.

En su entrada de apertura, este blog se define a sí mismo como un “espacio libre de opinión”. Por mi experiencia bloguera previa, por el ejemplo que tomo de los blogs amigos, creo que lo importante no es tanto el texto de la entrada de turno, sino el turno de comentarios. Ahí es donde intercambiamos opiniones e ideas y donde nos divertimos de lo lindo, aunque es posible que en ocasiones se cometan excesos. Al menos yo los cometo, digo cosas que no debo y dejo de decir las que debiera. Quizá ha llegado el momento de hacer examen de conciencia y dejar de expresar opiniones hirientes y fuera de tono y lugar. Vayan mis disculpas por delante para aquellos y aquellas que hayan podido considerarse insultados por algo que yo haya podido escribir. Nunca ha sido mi intención insultar, herir o menospreciar a nadie, sólo pretendo crear en las entradas de este blog espacios para el juego, verbal y visual. Y quizá haya olvidado que ese tipo de juegos casi infantiles, tan inocentes en apariencia, a veces encierran crueldades intolerables.

Lo que más rabia me da es que hoy tenía prevista una entrada sobre France Joli y ya no va a poder ser.

France Joli era una cantante franco-canadiense guapísima que con 16 años, en 1979, tuvo un éxito enorme con “Come to me”, otra canción más del momento de apogeo del sonido Disco muy parecida a “Last Dance” de Donna Summer, que tenía como ésta una introducción larga, lenta y melódica y grandes dosis de divismo.

La pobre France desapareció, tras unos cuantos discos más sin mucho éxito, del mapa musical, pero hace un par de años fue rescatada del olvido por quienes la recordaban como una artista esencial de una época reverenciada por muchos, incluido el autor de este blog, y considerada como la más lúdica y realmente libre que ha conocido la raza humana. Y France volvió, 28 años después, a subirse a los escenarios.

En circunstancias normales, si no tuviese este pesar que tanto me aflige, yo habría escrito sobre el paso del tiempo y su crueldad intolerable, sobre calorías, los peligros del consumo excesivo de carbohidratos no complejos, sobre liposucciones, grasas trans, brownies de chocolate y bolsas de patatas fritas, sobre vomitonas auto provocadas o espontáneas, sobre Demis Roussos, sobre la maldición de la belleza juvenil, la decadencia inevitable del cuerpo humano y lo poco que en realidad importa todo. Pero no me atrevo. Que no está el horno para bollos. Ni el ánimo para vanidades.

Anuncios

About this entry