Pétalos

En Washington DC, la primavera es una explosión de color, de pétalos de color. No es gradual como en Londres, donde el arte de la jardinería transforma la grisalla de los cielos en meses de floración estudiada pero no por ello menos agradecida. Aquí surge de golpe, quizá por estar tan al sur (compartimos latitud con Sevilla), quizá porque se pasa de golpe de la nevada a los 25 grados. Y dura muy poco. Todo lo bello es efímero.

Este fin de semana se celebra el festival de la floración de los cerezos. Hace 98 años, Japón le regaló a esta ciudad miles de cerezos, que fueron plantados en torno a la pequeña bahía que se encuentra al sur del Monumento Nacional, donde más tarde se construyó el cenotafio de Thomas Jefferson, quizá el más bonito y armonioso de todos los monumentos neoclásicos de la capital federal. Desde entonces, la floración de los cerezos atrae a miles de turistas, estadounidenses y foráneos, que se maravillan ante este regalo de la naturaleza. Como el valle del Jerte pero en urbano, vamos.


Foto de Rachel Cooper.

Pero no sólo florecen los cerezos. En los jardines de Dumbarton Oaks, las forsitias se hacen hueco.

Y los almendros y magnolios contrastan con el primer verde de los árboles.

El general Lafayette, que hace poco estaba sepultado bajo la nieve en el parque al que da nombre, ahora se rodea de magnolios en flor.

En el cementerio de Oak Hill, en Georgetown, hay cerezos gigantes con flores en cascada (¿o son manzanos?). Cómo gustan los obeliscos en esta ciudad. No me quejo, a mí me encantan.

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