Fauna

Una de las peores cosas de WordPress es que a veces se te borra todo. Con Blogspot no me ocurría, y me estoy planteando volver al formato antiguo. Escribo esta entrada por segunda vez. Seguro que el texto original era mejor. Siempre lo es.

Ésta es la tercera y última entrega sobre el periplo californiano. Como es en plan fotolog, tengo que empezar contando que el inicio del viaje fue un desastre. La excusa para el mismo era el cumpleaños de mi santo (solemos escaparnos unos días a algún sitio estupendo pero no excesivamente lejano, hace un año tocó País Vasco) y yo le había comprado de regalo una cámara de fotos nueva. La cámara digital que tenemos es jurásica, la gente se ríe de ella cuando la ve (es el problema de ser “early adopter”, que lo nuevo envejece a una velocidad que da gusto) y ya era hora de comprar una nueva. En vez de comprarle una cosa mona y baratita, de bolsillo (que es lo que debería haber hecho), me compliqué la vida y acabé encargado vía internet una cámara estupenda… que no llegó a tiempo y sólo fue desembalada cuando regresamos a DC.

Una pena, sobre todo porque la parte más bonita del viaje fue ver todo tipo de plantas y animales, y con la nueva cámara podríamos haber hecho fotos mejores que las que hicimos. Qué se le va a hacer, no todo puede salir a gusto de uno.

En este viaje cumplí uno de los sueños de toda mi vida, ver una ballena, aunque en realidad vimos dos, que viajaban juntas desde la Baja California hacia Alaska, y que nadaban a diez metros escasos de nuestro barquito de expedición marina por la bahía de Monterey. Eran ballenas jorobadas, y aunque no dieron saltos por encima del agua (me muero ahí mismo), se dejaban ver, mostraban la aleta y la cola, se acercaban al barco (al parecer son cotillas), exhalaban sus geisers de vapor y agua. Casi me olvidé, embelesado como estaba, de hacerles fotos, esto es lo mejor que conseguí.

A la vuelta al puerto, pelícanos y focas descansaban al sol en el puerto. Una foca muy graciosa jugueteaba en el agua, al lado del barco. Una madre que había ido con nosotros de excursión le dijo a su hijo: “Look at the dog”. Total.

En Point Reyes, cerca de Carmel (sí, el pueblo del que fue alcalde Clint Eastwood), vimos nutrias marinas, con sus crías. Estos animales estaban a punto de extinción hace un par de décadas y se ha recuperado su hábitat. Fuimos testigos de una escena preciosa, la nutria mamá arrastrando con las fauces a su cría a una roca (apenas salen del agua, ni siquiera para dormir) para amamantarla con tranquilidad.

En China beach, mamá foca y bebé foca tomaban el sol (otro bebé foca, muerto, estaba siendo devorado por las gaviotas, a veces la naturaleza no es sólo lindeza; os ahorro la foto). A veces las olas llegaban y arrastraban al bebé foca mar adentro y la madre, solícita, iba a su rescate.

Claro, que para playa, Pfeiffer Beach, en Big Sur.

Es muy peligroso nadar, por las corrientes y las rocas, y además no vimos a Michelle, pero las puestas de sol lo compensan. Si algún día me pierdo, buscadme en Big Sur.

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