Humor

Tengo un nuevo ídolo. Se llama Steven Mulvain, tiene 23 años, es británico, licenciado por la Universidad de Oxford y ha ingresado recientemente en el servicio diplomático de Su Majestad.

Mulvain escribió una nota interna para el Foreign Office en preparación de la próxima visita de Estado al Reino Unido de Benedicto XVI, el Papa, que además de ser el líder espiritual de la religión católica es también, no lo olvidemos, un Jefe de Estado. En dicha nota, que fue producto de una sesión de “brainstorming” (es decir, de decir lo que a uno se le pase por la cabeza), y que fue autorizada (bendecida) por su jefe, Mulvain hacía una serie de sugerencias para el programa “social” de actividades durante la visita oficial del Papa. Dichas actividades incluían, entre otras, el lanzamiento de una línea de condones “Benedicto”, una visita a una clínica de abortos, la bendición papal de una unión civil de dos personas del mismo sexo, el patrocinio por el Vaticano de clínicas especializadas en tratar enfermos de sida, anunciar un sistema de prevención de abusos a niños, lanzar una línea de ayuda a niños víctimas de abusos, anunciar la expulsión de sacerdotes culpables de cometer abusos a menores, declarar la gratuidad de las escuelas católicas o anunciar alguna canonización.

El Reino Unido es mi segunda patria. Es un país magnifico, heredero de una gran historia, cuna del idioma perfecto y de una parte muy importante de la mejor literatura, poesía, inteligencia y ciencia que haya creado la mente humana, y además es tan bonito, con sus colinitas con tantas tonalidades de verde y sus jardines perfectos. Es también un lugar a veces muy inhóspito y agresivo, donde abunda gente pomposa, arrogante y vanidosa que está convencida de que todo lo extranjero es malo y mira por encima del hombro a quien no pertenece a su misma estirpe. Además, llueve casi todo el tiempo. Lo que nadie puede quitarles es su sentido del humor, siempre inteligente, a veces sutil (y a veces no, imagino que todos habréis visto en algún momento “Little Britain”… pues eso), siempre en la punta de la lengua, dispuesto a atacar.

El joven Stephen Mulvain, cuya brillante nota interna fue filtrada por alguien, es ahora pasto de todo tipo de críticas. El Vaticano ha expresado su furia porque no ha sido expulsado o despedido. El propio gobierno británico se ha encargado de dar su nombre, señalar que en sus años universitarios le gustaba correrse juergas y beber mucho, subrayar una y otra vez que no tienen nada que ver con el tema, y que se trata de una actitud “pueril” de un funcionario sin experiencia. A mí este chico me parece un genio, un tipo inteligente y con sentido del humor que se atreve a decir, a poner por escrito y a dar publicidad a algo que a muchos nos habría gustado escribir y tener valor de decir en voz alta. Un buen producto del extraño sistema educativo británico. Seguro que le espera un porvenir brillante, al menos así lo espero. Igual hasta es guapo, quién sabe. O católico. En todo caso, espero que no pierda nunca el sentido del humor.

Más triste es lo de South Park. Hace tiempo comente en una entrada que me encantan los niños de South Park, me encanta su irreverencia y cómo no dejan títere con cabeza. Sin embargo con el Islam han topado. Como tantos otros. Hace un par de semanas celebraban su episodio 200 con uno de duración doble, que desgraciadamente me perdí. En el mismo salía el equipo de super héroes que ya había participado en algún episodio anterior: los profetas de las principales religiones del mundo, Moises, Buda, Jesus, Mahoma. Como querían evitar problemas y de paso hacer reír a los televidentes, Mahoma iba disfrazado cada vez que salía, una vez de camioneta, otra de oso, otra de Santa Claus. Por supuesto, la amenaza de muerte no se hizo esperar, un grupo llamado Revolución Musulmana, basado en Nueva York, dijo que los creadores de South Park iban a acabar como Theo van Gogh (que murió degollado en una calle de Ámsterdam). Hay que ver cómo les gusta Nueva York a los grupos islamistas radicales.

El episodio siguiente de la serie continuaba con el mismo hilo argumental. Pues bien, los responsables de Comedy Central, el canal en que se emite South Park, censuraron cada aparición de Mahoma, tanto en imagen como en palabra. De hecho, censuraron hasta el discursito que suele hacer Kyle, el niño más sensato de la panda, al final de cada episodio, y que al parecer trataba de respeto y convivencia. Hubo casi mas “bleeps” (los pitidos que se ponen en vez de una palabra malsonante) que palabras. Los creadores de South Park expresaron su pesar y frustración, pero poco pueden hacer al respecto. Los episodios 200 y 201 fueron retirados de la página web de la serie, donde se pueden ver todos los episodios de la misma. Una pena, porque pondría ahora un clip de alguno de los dos que han sido censurados. No existen, han desaparecido todos. Es como si esos episodios no hubiesen existido nunca.

Está claro que el Islam es el límite de la libertad de expresión y así lo hemos acabado aceptando. De las demás religiones te puedes burlar en televisión o en cualquier medio, se puede denigrar a mujeres, a minorías étnicas, a homosexuales, ridiculizar a personas con discapacidad, incluso sugerir que el Papa vaya a una clínica de abortos o programar una obra de teatro de título blasfemo. Pero la línea del Islam no se puede cruzar. Salvo que quieras que te amenacen y te maten, claro. Y os aseguro que si recibo amenazas de muerte borraré esta entrada. Hasta ahí podíamos llegar.

Traté sobre el Islam en una entrada anterior de este blog, y recibí algunos comentarios de desconocidos, que bloqueé, que contenían amenazas veladas. No sé si volverá a pasar lo mismo, no me extrañaría demasiado. Lo que más rabia me da es que no tengo a mano una tira cómica que publicó hace unos años la revista El Jueves, una copia de la cual me regaló Pandora; la tenía colgada en la pared de mi oficina en Madrid. Se llamaba “Las religiones solo sirven para joder”. Y me encantaría escanearla y ponerla al final de esta entrada, más que nada para que os rieseis un rato, porque es lo mejor. Escojo El Jueves con toda la intención, por supuesto, pues uno de sus ejemplares fue secuestrado hace poco por sacar una caricatura de los Príncipes de Asturias en pleno “acto”. El límite de la libertad de expresión, en España, está en la monarquía. Bueno, y en el honor de ciertos escritores con malas pulgas, sensibilidad a flor de piel y poco sentido del humor. El sentido del humor, que no deja de ser la mejor señal de la inteligencia humana, como las buenas maneras, es lo último que hay que perder.

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