Imelda

Cualquiera diría que este blog va de mujeronas.

Al igual que María Callas, a Imelda Marcos le basta con un nombre, una palabra, para que todo el mundo sepa de quién se está hablando. Recuerdo verla en televisión, fascinado, cuando era “primera dama” filipina, ya entrada en años y carnes, pero con unos pómulos que desafiaban la gravedad, la piel de porcelana y unos vestidos extraños, de otra época, como de princesa barata de cuento. La recuerdo también, tras la caída y muerte en el exilio hawaiano de su marido, después de haber robado lo indecible a su país (oí la palabra “cleptocracia” por primera vez en referencia a la presidencia de Marcos), de nuevo ante las cámaras de televisión de medio mundo, esta vez proclamando su inocencia, la de su marido, diciendo que era pobre, como el pueblo filipino, que no tenía nada ni dónde caerse muerta. También recuerdo bien imágenes obscenas de riqueza conspicua y chabacana, maletas llenas de lingotes de oro envueltos en pañales de bebé, el monumento megalómano a Marcos, ahora en ruinas, y, por supuesto, los famosos 3000 pares de zapatos que se quedaron atrás, en el palacio presidencial de Manila. Carrie Bradshaw, una aficionada.

Se presentó a las elecciones presidenciales de su país en 1998, y ahora se presenta de nuevo aunque esta vez sólo aspira a ser diputada. No está sola en la campaña, su hijo (que se llama BongBong, chúpate esa mandarina) se presenta a senador y una de sus hijas se presenta a gobernadora de una de las provincias o regiones filipinas. Va haciendo campaña pueblo por pueblo, diciéndole a todo el que se acerca a ella que es “la madre de todos los filipinos”. Me pregunto si esa técnica tendrá éxito. Habrá que esperar a los resultados. Como le salga bien, me veo a Ana Bottle haciendo lo mismo, aunque nada de vestidos de princesa o zapatos de tacón. Opus-fashion: perlas, rebequita, falda justo por debajo de la rodilla y zapato plano.

Lo mejor de todo el asunto del retorno de Imelda Marcos es que se produce justo en el momento en que David Byrne y Norman Cook (conocido como Fatboy Slim) han compuesto, grabado y publicado una Ópera pop basada en su historia y su vida, la de una niña de las provincias que llega a ser primera dama. Buen argumento para una ópera, género creativo trufado de historias de chicas que salen de la nada, tocan la gloria… y suelen acabar fatal. No creo que ése sea el sino de Imelda Marcos, seguro que morirá en la abundancia y tendrá un entierro de emperadora. Yo, de ella, haría que me enterrasen con los zapatos. Ya tengo dejado escrito que me entierren con mis corbatas, que es lo más preciado que tengo, sobre todo una de Romeo Gigli de hace 20 años que no he dejado de ponerme en todo este tiempo y que está para el arrastre.

No sé si esto es un aria, una canción, o qué. Pero me encanta, sobre todo el final “tropicalista”, al estilo del primer Caetano Veloso pero con arreglos a lo Burt Bacharach, o Towatei, que al fin y al cabo es casi lo mismo..

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