Interludio

Garzón, suspendido. Imelda, elegida (no sé que ha pasado con BongBong). Callas, vendiendo discos aunque sigue muerta, la pobre. El mayor vertido de petróleo de la historia azota, como si tuvieran poco encima, las costas de Louisiana. La cosa está chunga, chunga, y va a peor. La cosa económica, quiero decir.

Y ¿qué hace un bloguero tan serio como yo ante un panorama tan sombrío? Pues honor a mi apodo “Parsley-Squirrel”. Un poco de perejilillo os doy en forma de interludio musical, que hay que alegrar la cara, aunque sean las entradas que menos éxito tienen de las que publico. Para que no digáis que estoy obsesionado con los ratings, caramba.

Lo mejor de la serie “Glee”, aparte de Sue Sylvester, es que de repente sacan del tintero canciones olvidadas. En el último episodio, dos de las chicas cantaban a dúo “The Boy is Mine”, que fue el gran éxito, allá por 1997, de Brandy & Monica.

Hablando el otro día sobre el paso del tiempo, mi chico y yo nos dimos cuenta de que estamos ya a dos décadas de distancia de los 90 y sigue siendo difícil categorizar esos años de un modo más o menos coherente, como podemos hacer con los 60, 70 u 80. Él me pregunto cuál era, en mi opinión, el sonido o estilo musical que marcó la época, y casi sin darme cuenta, un poco al tuntún, contesté las “BoyBands”. Luego me corregí y hablé del “grunge”, del nuevo soul (sobre el que escribí en su día) o el auge imparable del hip-hop. Pero es cierto que una parte importante del pop que se hizo en aquella época vino de la mano de las BoyBands. Y de las “GirlBands”, claro.

No me voy a meter, como suelo hacer, en terrenos resbaladizos, tipo las Spice Girls (aunque soy super-fans de “Wannabe”) o subproductos de serie B, tipo B*Witched, que eran una panda de irlandesas enanas, feas y bizcas que arrasaban cuando yo llegué a vivir a Londres, justo antes del cambio de siglo. Me voy a quedar en unas cuantas formaciones de chicas, de onda más bien R&B. Brandy y Monica eran una formación ad hoc, parecía que iban para mega-estrellas pero se quedaron en “one-hit wonders”. Otras tuvieron muchos números unos, pero también se las tragaron la oscuridad y el olvido del tiempo.

Las TLC eran lo más. Vendieron millones de discos y no ganaron un duro, las pobres, engañadas por su compañía discográfica con un contrato leonino, deshaciéndose de ellas en cuanto pasó el fenómeno. Pobres. Yo ya estaba talludito en su día, pero me tiré horas ante el espejo intentando copiar la coreografía del video de Scrubs, que me encanta. No sé qué harán ahora estas tres, seguro que se han dado al crack o a algo peor. No me extrañaría, yo haría lo mismo si me dejase tirado la casa de discos sin un duro después de haberles hecho ganar billones.

Junto a las B*Witched, las diosas de las listas británicas a finales de los 90 eran las All Saints. Las odio. Stanwyck lo sabe y no lo entiende. Mi chico también lo sabe y aunque intenta comprenderlo me da por imposible. A mí me parecen lo más barato, lo más horrible, lo más zafio que me haya echado a la cara. No las meto en el saco de mis odios acérrimos de la muerte con Grace Kelly y el payaso Fofó, pero ahí cerquita están. Pero el caso es que algunas de sus canciones son buenísimas. Su primer éxito, el que las puso en el panorama como las Spice Girls para adultos, fue “Never Ever”, un número soul a ritmo medio de primera línea. Pero la canción que de verdad me gusta es “Pure Shores” de la banda sonora de una película infame, “The Beach”, un espanto con DiCaprio en su etapa Chabeli (“de niño a hombrecito”). Recuerdo que un día entré en Harrods para comprar queso (se lo comentaba hace poco a Revision del Interior, no creo que haya una mejor quesería en el mundo que la de Harrods, te lo dan a probar todo, y eso que soy poco quesero) y al pasar por delante del pianista que ameniza la planta baja, estaba tocando una melodía preciosa. Al principio no me di cuenta pero en seguida reconocí las notas de “Pure Shores”. Y eso que en la versión “muzak” no figuraba la producción de William Orbit, que en 1999 era lo más.

Termino con otras chicas, también británicas (aunque las All Saints de mis odios solo lo eran a medias), Eternal. Eran dos hermanas y una o dos componentes más, a quienes iban cambiando de vez en cuando. Lo mismo que antes habían hecho las Supremes y más tarde hicieron las Destiny’s Child. Eternal eran puro Gospel, y se sacaron de la manga una canción que me vuelve loco, “I wanna be the only one”, e invitaron a un músico y cantante de primera línea pero totalmente infravalorado, BeBe Winans (que hacía dúo con su hermana CeCe, no me digáis que no es total), a que cantase con ellas. Es una pena, por motivos de copyright no está el clip original de la canción en YouTube, pero he encontrado uno que me encanta, que es para karaoke. Si te sabes la canción, la puedes ir cantando (y el video hace los coritos y los “head-slides”). Si no te sabes la canción y la quieres escuchar, puedes hacer click aquí. ¿He contado ya que me encanta el karaoke? ¿Y que triunfé en una ocasión cantando “te estoy amando locamenti” en un antro que cerraron dos días después porque asesinaron ahí a no sé quien? Pues eso.

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