Armario

Alguien que venga de otro planeta o de otra dimensión, aterrice en Estados Unidos y vea las noticias de televisión o lea la prensa, pensará que hay una guerra causada por la homosexualidad. Parece que estos días no hay otro tema.

La primera historia es la que afecta a Elena Kagan, la reciente nominada a jueza del Tribunal Supremo.

Como es soltera y cincuentona, se supone que es lesbiana. El Wall Street Journal publicó en portada una foto suya, en plan machorra, jugando al béisbol. Los ultra conservadores insisten en que si es lesbiana debe decirlo y luego, por supuesto, retirarse de la carrera porque, al parecer, de serlo, su integridad y su imparcialidad quedarían comprometidas. Las asociaciones LGTB le exigen que salga del armario, si es que es lesbiana, y que dé la cara. Sus amigos dicen que “le recuerdan un novio en la Universidad”. Para eso mejor no tener amigos, digo yo, flaco favor le hacen a la pobre. Es un poco tremendo que otras discusiones en torno al nombramiento y la próxima confirmación, como por ejemplo sobre la experiencia jurídica (mucha, es la Fiscal General en activo y Decana de la Facultad de Derecho de Harvard) y judicial (nula) de la Sra. Kagan, hayan desaparecido por completo. Sólo interesa si es lesbiana (¡horror!) o si no lo es (¡peor!). Como dirían en Espartaco, igual le gustan los caracoles tanto como las ostras. O como dijo Lola Flores “Quién no se ha dado un buen picotazo con una amiga”. A quien le importarán estas cosas, a estas alturas. Pues importan, al parecer, y mucho. Y nadie dice nada sobre la papada de esta tipa.

La otra historia, mucho más jugosa (y, en el fondo, muy triste), la protagoniza un fulano llamado George Rekers.

Se trata de una pastor evangélico de en torno a 60 años, casado, con un bigote horroroso y un peluquín tremebundo, que mantiene que la homosexualidad es una elección que se convierte en adicción y que él puede curarla. Junto a otro tipejo de su misma calaña montó hace años un centro de “rehabilitación” de homosexuales, donde someten a hombres y mujeres a una terapia (incluida terapia de choque) que les “cura” de sus “tendencias”. El Sr. Rekers, además, es un experto litigador, como Elena Kagan. Fue el principal testigo del Fiscal General de Florida en la causa que se abrió para intentar anular la prohibición de adopción de menores por parte de homosexuales que el gobierno de dicho Estado había decretado por ley. Le cobró a la Fiscalía ciento veinte mil dólares, pagados por el erario público, por su explicación (él lo llama “demostración”), ante el juez, de que los niños que crecen con padres homosexuales acaban siendo delincuentes, enfermos psíquicos, maleantes o algo peor. También actuó de testigo en un caso muy famoso, el de la asociación de los boy scouts que querían prohibir que chicos y chicas de “tendencias desviadas” entrasen en su alegre grupo. Aquí sólo cobró sesenta mil dólares, aunque les pidió 200.000, que luego rebajó. Un enrollao.

Pues resulta que este tipo se fue de vacaciones a Europa el mes pasado. Como le habían operado de nosequé, le recomendaron, al parecer, que no cargase equipaje y decidió por lo tanto llevarse un ayudante que hiciese el trabajo sucio. Como no sabía dónde buscar alguien dispuesto a cargar con maletas se fue a la página rentboy.com. Lo normal. (Ojo, no hagáis click si estáis en el trabajo o algún lugar público). Lo habéis adivinado, es un portal de contratación de servicios sexuales por parte de prostitutos masculinos, dirigida a hombres.

El acompañante, un chico de 20 años, rubio y de pelo largo y horroroso, de nombre artístico Lucien, decidió “cantar” al regreso de las vacaciones. Y cantó, con todo lujo de detalles.

Al parecer Rekers y él no llegaron a tener relaciones sexuales, al menos de ninguna forma “tradicional”, pero aquél le pedía, en aplicación de su contrato, que le diese un largo masaje diario en los glúteos, con especial atención y dedicación al orificio anal propiamente dicho. Lucien ha relatado con gusto y regusto, a todo el que le quiera escuchar, el estado de excitación sexual (y erección permanente, con goteo) del interesado durante los masajes. Rekers, a pesar del ofrecimiento de Lucien, siempre rehusó cualquier servicio adicional al del masaje anal. Claro que sí. Que al fin y al cabo es un hombre casado y su santa estaba en casa.

La historia sería divertida si no fuese tan penosa, tan lamentable, tan hipócrita, tan deprimente. Hay cosas impagables, como una de las fotos de las vacaciones, donde se ve a Rekers llevando las maletas y a Lucien, que supuestamente había sido contratado para llevar peso, más ligero de equipaje que una pluma. Hay una conversación telefónica, muy tremenda, entre ambos que Lucien grabó cuando hubo saltado la noticia y luego revendió a la prensa. Rekers, sin negar los masajes, afirma que no sabía que la página rentboy anunciaba servicios sexuales (no, para nada), sigue insistiendo en que durante las vacaciones le enseñó a Lucien los caminos del evangelio y le intentó convencer de que abandonase el modo de vida homosexual e ingresase en una de las clínicas de rehabilitación que él promociona. Lo último que se ha sabido es que es el propio Rekers el que va a ingresar en una de las clínicas. Cuando salga podrá decir lo mismo que uno de los “curados”, que confesó que a pesar de su convencimiento de que su atracción por los hombres está mal, es anti-natural y pecaminosa, a pesar de haberse sometido voluntariamente a sesiones de electroshock y de lavado de cerebro sólo con el fin de “curarse”, todavía tiene una erección cada vez que ve a un chico con un bañador mojado y ajustado, pero gracias a la terapia sabe controlar sus impulsos y entre la oración y el auto-sacrificio puede llevar una vida de pareja saludable con su mujer, que es indudablemente una santa, pero que si de verdad le quisiese le ayudaría a pasarse a la acera de enfrente, donde de verdad está su lugar. Cuánto tiempo hacía que no utilizaba la expresión “de la acera de enfrente”, con lo chula que es.

Y os dejo comentar. ¡Ah! Aprovecho y os cuento que esta semana habrá poca actividad por aquí, que me voy de viaje y no tengo portátil que llevarme. El fin de semana estaré de vuelta y procuraré contestar mientras tanto a todos los comentarios. Que siempre hay un ordenador a mano, para comentar en un blog o contratar a alguien que te lleve las maletas.

Todas las fotos han sido tomadas prestadas de towleroad.

Anuncios

About this entry