Agrafia

Cuando estudié derecho canónico aprendí que una de las causas de nulidad matrimonial es la amencia, es decir, la ausencia o falta de mente. Siempre he sabido que soy amente, palabra que me ha gustado desde que la oí por primera vez y que utilizo siempre que puedo, pero ahora además estoy ágrafo. Un amigo, profesor universitario y actual alto (altísimo) cargo de nuestro gobierno se refirió a una compañera suya, como “muy competente, pero ágrafa”. Aunque sea una palabra esdrújula, a las que por principio tengo manía, me gusta. Me gusta mucho.

Suelo poner como excusa cuando no actualizo debidamente que estoy sin ideas, pero ideas no me faltan. Tengo notas sobre entradas futuras para este blog al que, lo adelanto para evitar sorpresas, le quedan sólo dos meses de vida, el mismo tiempo que me queda de estancia en esta ciudad. Quiero escribir sobre obesidad, sobre identidad(es), sobre pop alemán de los 80 (no, no saldrá Nena), sobre hombres de raza negra, sobre las ciudades de Estados Unidos, sobre filantropía, sobre el sistema de los lobbys en esta ciudad, sobre tormentas de verano, sobre besos y abrazos (tal como hacía Lullu en su última entrada, que me tiene muy alucinado). Tengo escritas las dos partes de la historia de la película “Asesinato en la Dijcoteca” pero el pudor y los malos recuerdos me impiden publicarlas.

No me sale nada. Estoy incapaz de escribir.

Agrafia (o agrafía): pérdida de la destreza en la escritura debido a causas traumáticas, independientemente de cualquier perturbación motora.

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