Peter

Es curioso cómo alguna gente interesante, o digna de reseñar, parece morirse siempre a la vez, casi de golpe. Hace un año fueron Michael Jackson y Farrah. Este invierno, J.D. Salinger y Howard Zinn. Y este fin de semana han caído Louise Bourgeois y Dennis Hopper. La obra de la primera me interesa sólo en parte, la verdad, y lo que se suele recordar de ella (la araña maldita y ubicua) es de una banalidad supina, como las cabezas de mujer y las meninas de Manolo Valdés o la escultura de Oteiza que han aumentado en tamaño en un 5000% e instalado a los pies del Monte Urgull en San Sebastián. La obra interesante de Bourgeois, en mi opinión, es la inicial, la cargada de sexualidad y feminismo, muy marcada por Duchamp. Pero quién soy yo para criticar las arañas…

Tengo que admitirlo, Dennis Hopper siempre me cayó fatal. Lo siento, veo y leo panegíricos por todas partes, pero a mí esta gente tan cool, que sólo por vivir merecen veneración, me da mucha pereza. Easy Rider no está mal, pero tampoco es para tanto, aunque el final tan negro sea muy bueno. El único buen papel que de verdad le he visto fue en Blue Velvet, pero todo era por la máscara de oxigeno. El mérito es de David Lynch.

Pero no, no voy a escribir de Louise Bourgeois ni de Dennis Hopper, que ya hay mucho sobre ellos en todas partes. El domingo se murió en Montana Peter Orlovsky, poeta, pareja de Allen Ginsberg y personaje fundamental en el movimiento “beat”.

Siempre me ha gustado esta foto de Peter Orlovsky y Allen Ginsberg, sobre todo por la cara de felicidad de Ginsberg, ya algo fondón y perdiendo pelo en la cabeza (que no en la barba) y el modo en que abraza a su amante, en pose praxiteliana, por la cintura. Hay estos días una exposición muy interesante en la National Gallery de Washington, que pe-jota en su impagable blog ya describió, que muestra fotografías de la génesis y evolución de la generación “beat”, todas de la colección del propio Allen Ginsberg y con comentarios de su puño y letra escritos ya en los años 80. Quizá sea una exposición demasiado amable y algo edulcorada, sin que se hable apenas de sexo y drogas, que eran lo que unía a esta panda, además de la literatura, pero son un documento fascinante de una época que cimentó la contracultura que se convirtió después en la cultura oficial de occidente.

Orlovsky era poeta, escribió cosas provocadoras, con faltas ortográficas a propósito, y quizá no demasiado interesantes, animado por Ginsberg, con quien compartió cuatro décadas de vida en común. No debe ser fácil estar siempre a la sombra de alguien que está por encima del bien y del mal, y eso que Ginsberg no fue nunca del gusto de las clases poderosas y bienpensantes de este país, que nunca dejaron de ver con malos ojos su homosexualidad abierta y confesa y su defensa de las sustancias psicotrópicas y, poco antes de su muerte en 1997, se escandalizaron por el descubrimiento de su pertenencia a una organización, perfectamente legal, llamada NAMBLA, “North America Man-Boy Love Association”, que no hace apología de la pederastia –eso dicen- pero lucha por la rebaja de la edad de consentimiento sexual. Por cierto, NAMBA siempre pone a España de ejemplo, ya que tenemos la edad de consentimiento sexual más baja de occidente (13 años, ya que preguntáis), algo que nos ha costado alguna reprimenda de la ONU.

Vuelvo a Orlovsky, que se tiró media vida en hospitales psiquiátricos. Tenía antecedentes familiares de locura, y de hecho Robert Frank, el fotógrafo, dirigió una película sobre Julius, su hermano, que estaba para encerrarlo el pobre, y que en el fondo es un retrato de todos los Orlovsky. La cinta muestra las miserias, de todo tipo, de una familia rusa inmigrante en el Lower East Side en Nueva York. No son ni siquiera perdedores, porque nunca tuvieron nada, y cuando no se tiene nada no se puede perder. Dentro de poco, por cierto, se estrenará la película “Howl”, una biopic de Allen Ginsberg protagonizada por James Franco. La verdad, podrían haberle dado a Franco, que a mí me parece el actor más guapo de los que hay en circulación en el momento, el papel de Orlovsky y no el de Ginsberg que guapo, lo que se dice guapo, pues como que no, la verdad. A veces me pregunto, por cierto, qué actor me gustaría que hiciese mi biopic… al que más me parezco es a Montgomery Clift, pero ya está muerto, así que no sé a quien escogería. Pero qué poca vergüenza tengo.

Ahora que ha muerto Orlovsky creo que no queda nadie vivo de la generación beat, que en mi opinión es clave en la definición de la cultura que vino después, y eso que tampoco produjo tantas obras que hayan quedado para la posteridad. Eso sí, “Howl”, de Ginsberg, “On the road”, de Kerouac y “Naked Lunch” de Burroughs deberían ser de lectura obligada en alguna etapa de formación educativa. Pero seguro que las asociaciones de padres y madres de alumnos de todo el mundo estarían en contra de mi opinión.

Snail Poem

Make my grave shape of heart so like a flower be free aired and handsome felt.
Grave root pillow, tung up from grave & wigle at blown up clowd.
Ear turnes close to underlayer of green felt moss & sound
of rain dribble thru this layer
down to the roots that will tickle my ear.
Hay grave, my toes need cutting so file away in sound curve or
Garbage grave, way above my head, blood will soon
trickle into my ear –
no choice but the grave, so cat & sheep are daisey turned.
Train will tug my grave, my breath hueing gentil vapor between weel & track
So kitten string & ball, jumpe over this mound so gently & cutely
So my toe can curl & become a snail & go curiousely on its way.

Peter Orlovsky, 1958, Clean Asshole Poems & Smiling Vegetable Songs

Peter Orlovsky, Jack Kerouac y William Burroughs en Tanger, 1956. Foto de Allen Ginsberg.

Las fotos han sido tomadas de http://www.allenginsberg.org


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