Grace

En Estados Unidos no hay “Canción del verano”, y es una pena, porque es un invento que a mí siempre me ha gustado a pesar de que jamás ha salido nada bueno de ahí, pero no deja de ser muy divertido. De todos modos, está claro que la canción que máas va a sonar aquí esta temporada es la misma que llegó a lo más alto de las listas de ventas hace casi 40 años: “You’ve got a friend”. En 1971, James Taylor la convirtió en su primer y único número uno.

Estos días, el propio Taylor da inicio a una macro gira de conciertos con la compositora de la canción, Carole King, que roza los 70 años pero parece seguir en plena forma, al igual que él, que aunque también está mayorcito el pobre está en plena forma vocal como demostró en la ceremonia de los Oscar. De hecho, su interpretación de “In my life” de los Beatles fue casi lo mejor de la gala. Carole King nunca ha sido tan buena cantante como James Taylor pero es una compositora sobresaliente de canciones. Su disco “Tapestry” está lleno de himnos generacionales, de canciones que han sido versioneadas hasta la saciedad, como “I feel the earth move”, “You make me feel (like a natural woman)”, ‘Will you still love me tomorrow” (¡que escribió para las Shirelles!), “It’s too late” o la propia “You’ve got a friend”. Muchas veces he pensado que “Tapestry” es al pop lo que “To Kill a Mockingbird” es a la novela: una obra sobresaliente, suprema y única de una mujer de enorme talento que sin embargo decide poner punto y final a su fase creativa tras ese triunfo.

Hay una película que supuestamente cuenta la historia de Carole King, o al menos la de una compositora de canciones con una trayectoria muy parecida. En un comentario a un post anterior dije, y fui reprendido con razón por ello, que los años 90 fueron anodinos. Quizá lo dije, y lo piense, porque es la década en que el tiempo, mi vida, empezó a ir deprisa, señal inequívoca de que uno se ha hecho adulto. Los 90, entre muchas otras cosas destacables, son la década del cine “independiente” americano. Lo pongo entre comillas porque siempre he tenido dudas respecto a esta denominación, pero es algo que nace al amparo de los grandes estudios pero con presupuesto limitado y una supuesta libertad artística. Hubo muchas películas memorables en esa década, alguna de mis favoritas de siempre, como “Big Night”, sobre la que escribiré algún día, algunas de las mejores obras de Woody Allen, el patriarca de toda la generación de cineastas independientes, o pequeñas joyas como “How to make an American Quilt”, sobre la que hablábamos hace poco en el Café en el NoHo de la sin par CaféOlé.

La película a la que me refiero, que cuenta una historia parecida a la vida de Carole King, es “Grace of my heart”, una historia deliciosa de una compositora de canciones que sólo quiere escribir canciones y encontrar el amor, ambientada a finales de los años 60. La película, dirigida por Allison Anders, contaba, además, con una actriz maravillosa de protagonista.

Illeana Douglas es una de esas olvidadas que tanto me gustan y responde al tipo que mi amigo Guillermo llamaría, con un ligero toque machista pero perdonable, una fea con encanto. Hizo papeles secundarios en películas de Scorsese de principios de los 90 (Cape Fear, Good Fellas), de hecho se rumoreaba entonces que estaban liados. “Grace of my heart” le dio la posibilidad de hacerse una estrella y lo consiguió, al menos para aquellos que encontramos atractiva su extraña cara de ojos enormes y pómulos marcadísimos y que pensamos que es, además, una actriz inmensa. Tampoco hizo mucho más después de esta película, pasó al circuito televisivo y salió en un par de episodios de “Six Feet Under”, en los que se comía la pantalla. E interpretó a Diana Vreeland, la gran sacerdotisa del periodismo de moda de los 50 a los 80, en la “biopic” de Edie Sedgwick que protagonizó la infumable Sienna Miller. ¿Le cae bien a alguien Sienna Miller? Lo peor.

Tampoco estorba que la banda sonora de “Grace of my Heart” estuviese compuesta mano a mano por Burt Bacharach y Elvis Costello, que un par de años más tarde grabaron juntos un disco antológico sobre el que también tendría que escribir algún día. La canción central de la película, “God give me strength” es puro Carole King. Y Puro Bacharach. Y puro Costello. Una maravilla. Y qué guapo es Matt Dillon, y ése sí que no envejece.

Esta noche actúan en DC Carole King y James Taylor, que forman parte de los artistas favoritos de una época anterior de mi vida. Me siguen gustando sus canciones, me sigue emocionando la voz de James Taylor aunque verlo calvo y con coleta me hace crujir las mandíbulas. Apenas escucho sus canciones hoy, ni las de él ni las de ella, y desde luego no iré a verlos en concierto, que seguro que ponen algo más interesante en televisión y ya no estoy ni para aglomeraciones humanas ni para mecheros encendidos al viento. Todo tiene un momento y una edad. En 1979, cuando vine por primera vez a Estados Unidos, yo escuchaba con fruición Good Times, de Chic, pero también My Sharona, de The Knack, Boogie Wonderland, de Earth Wind and Fire, pero también “Up on the roof”, otra joya más escrita por King y cantada por Taylor.

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